¿Qué es la hidroponía?

Si usted alguna vez ha colocado una planta en un vaso de agua con la expectativa de que echara raíces, en aquel momento estaba usted practicando una forma de hidroponía. La hidroponía es una rama de la agricultura, consistente en cultivar sin suelo agrícola. Los nutrientes que las plantas necesitan son facilitados a través de soluciones nutritivas equilibradas, diluídas en agua con todos los elementos esenciales necesarios.
El término hidroponía proviene del griego, y significa trabajo con agua.

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A medida que la población de nuestro planeta aumenta, y disminuye la superficie de tierra cultivable disponible, los cultivos hidropónicos se perfilan como una importante solución de futuro. De hecho, hoy en día, cuando el costo de la tierra es altísimo, el método hidropónico es una realidad al alza en todo el mundo, tanto a escala doméstica (en tejados, jardines o huertos) como a escala industrial, en invernaderos hidropónicos repartidos en los cinco continentes.

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Las ventajas del cultivo hidropónico son numerosas, y podrían resumirse en las siguientes ideas:

  • La hidroponía permite cultivar allá donde la agricultura tradicional no puede. Tanto en lugares áridos, como en espacios con escasa tierra disponible, así como en territorios de climatología adversa, esta ciencia se utiliza porque habilita al agricultor para controlar humedad, oxigenación, luz y nutrición de la planta.
  • Beneficios medioambientales: Este método solo necesita el 10% de agua que necesita el cultivo tradicional. Esto se debe a que el sistema hidropónico recicla y reutiliza el agua y las soluciones nutritivas, y por lo tanto el agua no se derrocha. Igualmente, solo necesita el 25% de los nutrientes y fertilizantes, mientras que no necesita pesticidas.
  • Menor tiempo de cosecha. Las plantas crecen de manera que tienen acceso directo al agua y a los nutrientes, razón por la que no se ven forzadas a desarrollar raíces para buscarlos. Es por eso que las plantas tardan la mitad de tiempo en crecer y resultan más saludables, nutritivas y jugosas.
  • Control del agricultor: El crecimiento del cultivo puede controlarse tecnológicamente, razón por la que es mucho más difícil que aparezcan hongos, malezas o plagas.
  • Bajo costo: La tasa de rentabilidad es muy alta dado el bajo costo del cultivo hidropónico. El ahorro que generan estos cultivos los convierte en una excelente oportunidad de inversión.

El invernadero de marihuana medicinal legal más grande del mundo

Una empresa canadiense está dando forma a lo que podría ser el futuro de la marihuana medicinal.
En Niagara-on-the-Lake (Ontario, Canadá) la firma Park Lane Farms ha puesto en funcionamiento un invernadero de 350 000 piés cuadrados.
Su presidente Angus Lacayo, afirma que “esta es la instalación más grande de marihuana medicinal legal en el mundo, una vez que ampliamos toda la instalación.”

La instalación está cubierta por amplios sistemas de seguridad. Así, desde el saneamiento a la producción, todo está estrechamente regulado.

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Lacayo lo explicaba así: “Cada planta tiene una etiqueta individual, por lo que podemos hacerles un seguimiento desde su nacimiento hasta la cosecha.”
La granja recibió su licencia en julio de 2014, y ya se están cultivando 17 cepas diferentes de marihuana medicinal.
El director de la granja desgranaba el sistema utilizado: “Nos las traen como esquejes y plantas iniciadoras, que nosotros trasplantamos; y luego las cultivaremos hasta que alcancen su plena altura en flor.”

Es un proceso que nunca se había hecho antes legalmente, con tanto espacio disponible; son pioneros en esta industria de cultivo.
“No hay ciencia que jamás se haya desarrollado de manera fiable en este tipo de cultivo. No existe una ‘Universidad de marihuana medicinal’ a la que se pueda acudir, ni profesionales de dicha academia que puedan ser contratados para investigación, por lo que todo lo que estamos haciendo aquí es nueva ciencia para todos”, dijo Lacayo.
Es un tipo de cultivo polémico, pero estos granjeros creen que lo que están haciendo va a cambiar las percepciones.”En realidad, es sólo otro invernadero y creo que lo que beneficia a toda la comunidad es la regulación de una industria que estaba fuera del orden legal. Es la alternativa a las operaciones de allanamientos de cultivos domésticos, antes controlados por el crimen organizado”.
Park Lane Farms cultiva la marihuana y su partner Tweed Incorporated la vende en el mercado.
Según su Director, “no hay ningún minorista o tienda en nuestra instalación. Todas nuestras ventas son a través del correo directo, por internet.”
La ley de Nueva York sólo permite la marihuana medicinal en forma de aceite o de pastilla para enfermedades gravemente debilitantes o que amenazan la vida. Uruguay dio el paso de legalizar la producción y comercialización de cannabis en diciembre de 2013. En Canadá el cannabis está disponible para una variedad más amplia de condiciones de salud y se puede fumar, por lo que la demanda es alta.
Tweed Incorporated es una empresa que cotiza en la Bolsa de Valores de Toronto.
Lacayo sostiene que para él no se trata sólo de lucro: “No es sólo un dinero lo que hace la empresa. En realidad estamos beneficiando a canadienses enfermos ofreciéndoles un tratamiento medicinal en un entorno profesional y sanitario, al que antes no tenían acceso”.

Entrevista a nuestros partners de Breen en la revista del Gobierno Vasco Euskadi+Innova

El boletín del Gobierno Vasco Euskadi+Innova entrevista a Iñaki Mujika y Fernando Sustaeta, promotores de la empresa Breen que se encuentra entre nuestros partners.

Antes de poner en marcha Breen, visitaron varios países para informarse de proyectos similares. ¿Cuáles han tomado como modelo?

Nos interesó uno que vimos en Suiza. En un pequeño pueblo llamado Frutigen (3.500 habitantes), tienen una instalación denominada Tropenhaus o casa tropical. En esta zona, construyeron en su día un túnel de 35 kilómetros, y durante las obras reventaron una bolsa de agua caliente; esta no se podía verter al río sin más, por lo que crearon Tropenhaus para enfriarla. Son unas piscifactorías donde hay esturiones; el agua caliente se redirige allí, se enfría, y posteriormente ya se puede verter al río. Además, con los restos que dejan los peces en el agua, se nutren los diversos árboles tropicales instalados en el mismo Tropenhaus. Nos pareció muy interesante.

¿Y cómo plantean ustedes su proyecto?

El primer eje es la alimentación de los peces. En la acuicultura, normalmente se trabaja con peces carnívoros a los que se alimenta con pienso; pero ese pienso debe ser de harina de pescado que se extrae del mar. Se necesita extraer del mar dos o tres kilos de pescado para cultivar, por ejemplo, un kilo de salmón, y eso no es sostenible. Nosotros planteamos que al mar hay que dejarlo en paz, y creamos, a partir de peces herbívoros, nuestra propia harina para los carnívoros. La tilapia es el pez herbívoro que hemos elegido. Para alimentar a esta, hacemos un pienso especial, vegetal. Entonces, cultivamos la tilapia, la extraemos y la fileteamos; se trata de pescado blanco, muy adecuado para comedores. Hacemos la harina con el resto (cabeza, tripas, huesos…), y esto es lo que damos de comer a los peces carnívoros. Hemos elegido la tilapia porque podemos cruzar al macho y a la hembra cada mes, y así tenemos más peces pequeños. Otros peces solo se reproducen una o dos veces al año, mientras que con la tilapia, se obtiene producción mes a mes. En cuanto a los peces carnívoros, hemos elegido el esturión porque aquí hay poca gente que trabaje con ellos, y así ahondamos en otro nicho de mercado.

La tilapia se cultiva en aguas templadas.

Sí, hay que calentar el agua. Este es el segundo eje del proyecto: cómo gestionar la energía. Nosotros estamos en Endanea, unos invernaderos de Hondarribia (Guipuzcoa, País Vasco) en los que hay una instalación de cogeneración. Es decir, los responsables de dicha instalación tienen allí máquinas de motor de barco que, en vez de una hélice, mueven un alternador, para así crear electricidad. Es un negocio: compran gas y venden electricidad. Como estas máquinas se calientan mucho durante el proceso, Breen lo aprovecha para obtener agua caliente de forma gratuita. Por eso estamos ahí. Nuestro proyecto tiene también un tercer eje. Los peces no se comen todo el pienso, y a veces quedan restos en el agua; además, los mismos peces también la ensucian. Hay que limpiarla. Para ello, cogemos esta agua, que contiene sólidos, y la pasamos por un filtro; entonces nos quedan por quitar los nutrientes que se han disuelto, por lo que utilizamos primero un filtro bacteriológico y, finalmente, las plantas. Las tenemos puestas en agua, sin tierra (acuaponía); y de ahí es de donde absorben los nutrientes que necesitan. Estamos extrayendo lechugas, tomates, pimientos… Estamos realizando pruebas para ver cuáles limpian mejor el agua, para poder reutilizarla.

¿Cómo han obtenido la maquinaria que utilizan en Breen?

En cuanto a la acuicultura, hemos conformado un sistema para calentar el agua, porque esta no nos llega por sí sola de la máquina que genera electricidad. Pasamos por un filtro el agua de lluvia que se nos acumula en el tejado; aparte, hemos puesto unos depósitos en la pared, por donde pasa un circuito que proviene de la máquina de motor. Así pues, el circuito calienta el agua de lluvia que se acumula en los depósitos; es agua limpia. Por otra parte, también poseemos tecnología para el control de los parámetros del agua. Tenemos unos sensores que controlamos por ordenador; estos parámetros deben moverse entre ciertos límites, y si se sobrepasan, tenemos alarmas que cuidan de todo ello. El sistema lo hemos montado y automatizado nosotros mismos.

¿Cuál es el mercado objetivo de Breen?

Estamos trabajando principalmente en el asunto de los peces. Queremos vender tilapia para los comedores de colegios y empresas, para su consumo… Creemos que es un tipo de pescado interesante. Y también queremos vender esturiones porque tienen un buen precio en el mercado. Por otra parte, como hemos desarrollado cierta ingeniería en este proyecto, otra opción que tenemos es vender una especie de Kit Breen. Por ejemplo, se puede construir una instalación de este tipo en un caserío. No tenemos por qué estar al lado del mar, o en un polígono, o pagar una barbaridad por estar en un terreno. Si, por ejemplo, tenemos un punto caliente en una zona rural (puede ser biomasa, o geotermia, o cerca de una fundición…), nosotros podemos colocar la instalación y ofrecer formación. Y si quieren cultivar tilapia, nosotros mismos la podemos recoger y llevarla al mercado. Finalmente, también aprovechamos las verduras que extraemos, pero ese no es nuestro mercado en sí, como sí lo es el de los pescados y el del proyecto de ingeniería. Además, ni siquiera necesitamos un terreno, solo un poco de agua y un punto para calentarla.

Desarrollo de invernaderos, positivo para el cambio climático

Un estudio basado en datos del satélite Terra de la NASA apoya la tesis de un efecto protector de los invernaderos de Almería contra los efectos del calentamiento global. El efecto de enfriamiento del clima almeriense por cambio de uso del suelo para invernaderos es 12 veces más intenso al del calentamiento global causado por el aumento de CO2.

El estudio.

Este trabajo de investigación fue dirigido en 2007 por el profesor de la Escuela Politécnica Superior Dr. Pablo Campra Madrid. Fue publicado el 23 de septiembre de 2008 en la prestigiosa revista Journal of Geophysical Research, editada por la American Geophysical Union, bajo el título “Tendencia al enfriamiento superficial y forzamiento radiativo negativo debido al cambio de uso del suelo hacia la agricultura de invernadero en el sureste de España

Todo comenzó al investigar el impacto del cambio climático sobre la agricultura intensiva almeriense. Los científicos han descubierto que, de momento, está ocurriendo más bien lo contrario: los invernaderos modifican el clima de la comarca.

La idea surgió tras considerar el efecto contrario al calentamiento atmosférico ocasionado por los hielos polares al reflejar gran parte de la radiación solar que reciben, efecto denominado como “albedo”.  ¿Cuál sería el efecto similar sobre el clima almeriense originado por las 30.000 hectáreas de invernadero, única actividad humana visible desde el espacio precisamente por la elevada cantidad de energía solar que devuelve el “mar de plástico”?

El estudio consta de dos partes. En la primera estudia la evolución en las últimas décadas de las temperaturas medias anuales de tres estaciones meteorológicas provinciales: aeropuerto de Almería (INM) y dos del Campo de Dalias: la Mojonera (IFAPA) y Las Palmerillas (CAJAMAR). Seguidamente se comparan estos datos con estaciones del INM usadas como controles, esto es, lejos de la influencia directa de los invernaderos almerienses. Para ello se eligieron las estaciones del INM en los Aeropuertos de Málaga, Granada y Murcia-San Javier.

Pues bien, en todos los observatorios control se confirma el efecto del calentamiento global en el sur de España a partir de 1972 (en tasas elevadas de unos +0.5 ºC por década desde 1984), mientras que en el observatorio del aeropuerto de Almería la temperatura no ha subido desde 1989 e incluso presenta un leve descenso en la actualidad. Pero lo más sorprendente es la tendencia opuesta detectada en los 2 observatorios del Campo de Dalias: una tasa de enfriamiento de -0.3 ºC por década.

La segunda parte del estudio trata de demostrar la hipótesis de que la causa de este enfriamiento está en el reflejo de parte de la luz solar al espacio (efecto albedo) por la cubierta de los invernaderos. La energía devuelta al espacio no puede entonces calentar la superficie terrestre como lo haría de no existir la agricultura intensiva en la comarca.

En este estudio se ha calculado el efecto del cambio de uso del suelo sobre el clima desde el estado de erial a pastos y agricultura de subsistencia anterior al desarrollo de los invernaderos hasta el uso intensivo actual. Este efecto sobre el clima de las actividades humanas se denomina “forzamiento radiativo”. Un forzamiento positivo causa un calentamiento del clima mientras que un forzamiento negativo enfría la temperatura de la atmósfera.

En este caso, el forzamiento sobre el clima se mide como la diferencia entre la radiación solar reflejada al espacio por dos usos del suelo diferentes. Tras el aumento en los gases invernadero, el cambio de uso del suelo es el mayor impacto humano sobre el clima del planeta. En el caso almeriense este impacto resultó ser de enfriamiento.

El forzamiento sobre el clima causado por el desarrollo de los invernaderos se ha estimado en un valor medio anual de -20 W/m2, con intensidad máxima en verano de -35 W/m2, valores negativos y por causantes del descenso de temperaturas.

El forzamiento de -20 W/m2 producido por los invernaderos sobre el clima de la comarca es 12 veces más intenso y opuesto al famoso efecto del aumento global de CO2 causante del cambio climático, estimado en +1,66 W/m2 por el ultimo informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) y de magnitud comparable al efecto protector neto de las nubes a escala planetaria, estimado también aproximadamente en unos -20 W/m2 de media anual.

Se concluye que el desarrollo de los invernaderos en las últimas décadas es la causa más probable de la ausencia de calentamiento del clima del sur de la provincia de Almería, a diferencia del clima del sur de España y del hemisferio norte, estimado en una tasa de +0.24ºC por década durante los últimos 25 años.

A este efecto protector del albedo o reflejo debe sumarse el de la elevada captación de CO2 por los cultivos agrícolas almerienses, estimado por estos investigadores según sus investigaciones en curso en unas 10 toneladas de CO2 por hectárea: la emisión anual de 4 automóviles.